En el marco del seminario La última dictadura cívico-militar argentina: un pasado en disputa, organizado por Aurélia Gafsi en el curso Temps et récit dans l’historiographie du monde hispanique de la Universidad Paris XVIII, se abordaron las tensiones en torno a la memoria y representación de las víctimas del régimen dictatorial argentino (1976-1983). Gafsi, doctorante del Centre de recherches interdisciplinaires sur les mondes ibéro-américains contemporains (CRIMIC) de La Sorbonne Université, centra su investigación en la representación y la memoria de las víctimas de la última dictadura argentina (1976-1983) entre 2001 y 2019.
Este seminario exploró cómo el espacio público se convierte en un terreno de disputa para la memoria colectiva, mediante acciones artísticas, urbanas y sociales. Uno de los primeros ejemplos que destacó Gafsi fue el Siluetazo, una intervención artística llevada a cabo durante una marcha organizada por las Madres de Plaza de Mayo. En esta acción, artistas colaboraron con las madres para crear siluetas humanas que representaban a los desaparecidos. Estas figuras, colocadas en el espacio público, no solo denunciaban los crímenes de la dictadura, sino que también reivindicaban la presencia simbólica de quienes habían sido arrebatados por el régimen. El impacto visual y emocional del Siluetazo lo convirtió en un emblema de resistencia y memoria.
Otra forma de lucha simbólica que emergió durante este período fueron los escraches, impulsados por la asociación H.I.J.O.S., fundada en 1985. Estas manifestaciones consistían en protestar frente a las casas de antiguos represores para denunciar su impunidad y visibilizar su presencia en libertad. Los escraches transformaron el espacio público en un escenario de confrontación directa, donde las víctimas y sus familiares reclamaban justicia social ante la falta de respuestas institucionales.
En Buenos Aires, la memoria también tomó forma a través de iniciativas urbanas como los monolitos instalados por vecinos del barrio San Cristobal en la oficina San Juan. Estas placas conmemorativas, que llevan los nombres de desaparecidos, surgieron como una forma de protesta y recuerdo colectivo. Sin embargo, estas acciones enfrentaron resistencia y vandalismo por parte de sectores que rechazaban estas expresiones. A pesar de ello, en 2013 se renovaron los monolitos como parte de una reivindicación más amplia.
Una iniciativa particularmente emblemática fue la creación de las baldosas por la memoria, piezas de cemento colocadas en distintos barrios para recordar a las víctimas del terrorismo de estado. Estas baldosas se instalaron frente a lugares significativos como iglesias o centros clandestinos de detención, convirtiéndose en homenajes visibles que también funcionan como denuncias silenciosas. Además, proponen una nueva cartografía urbana que invita a las personas a reflexionar sobre el pasado mientras recorre la ciudad. Sin embargo, estas baldosas no han estado exentas de conflicto: algunas instaladas en Plaza de Mayo fueron retiradas y destruidas por la municipalidad, lo que generó indignación social. Más tarde, gracias al esfuerzo colectivo, fueron recuperadas e incluso complementadas con otras nuevas.
En La Plata, las baldosas blancas por la memoria han seguido una lógica similar pero con características propias. Este proyecto buscó marcar espacios urbanos respetando la estética patrimonial local y fue reconocido como una iniciativa institucional por la municipalidad. A diferencia de Buenos Aires, estas baldosas incluyen información sobre los grupos militantes a los que pertenecían las víctimas. Sin embargo, al igual que en Buenos Aires, estas baldosas también han sido objeto de vandalismo. Un caso especialmente doloroso fue el daño intencional a las baldosas que recordaban a las víctimas de La Noche de los Lápices, un episodio emblemático del terrorismo estatal contra jóvenes estudiantes. Estos ataques no solo buscan destruir objetos físicos, sino también borrar lo que representan: el recuerdo colectivo y la denuncia del pasado represivo.
En este contexto también se observa una resignificación del término “terrorismo”. En ciertos sectores sociales y políticos se ha utilizado para acusar a los grupos militantes opositores al régimen dictatorial, especialmente durante conmemoraciones como el 24 de marzo. Esta reinterpretación busca deslegitimar las luchas contra el régimen y reconfigurar las narrativas sobre lo ocurrido durante esos años oscuros.
La discusión finalizó en torno a un debate con el público en donde se plantearon interrogantes sobre una posible institucionalización que legitime narrativas represivas vinculadas a la última dictadura, esto en un contexto donde la llegada al poder del gobierno liderado por Javier Milei pone en disputa el espacio público como escenario clave para preservar o reconfigurar la memoria colectiva.
Este seminario subraya cómo las acciones artísticas y urbanas no solo sirven para recordar el pasado, sino también para desafiar activamente las narrativas oficiales e institucionales sobre el terrorismo estatal y sus consecuencias sociales hasta la actualidad.
Laura Natalia Betancourt
MC2L Espagnol






